Georgia: tierra de vinos
Aplicando una estrategia clara y coherente de calidad. Los productos de esta ex-república soviética, que últimamente se desarrolla con gran dinamismo, aspiran a ser conocidos mejor en varios países cuyos consumidores están acostumbrados al poder elegir entre una amplia gama de grandes vinos provenientes de bodegas de considerable renombre.
Actualmente, la industria vitivinícola nacional que reúne todas las condiciones para producir vinos de carácter y personalidad particulares, está evolucionando bastante y tiene potencial suficiente para mejorar sus ventas al extranjero.
En la historia del país las tradiciones vitivinícolas ocupan un capitulo particular. En base a sus hallazgos arqueológicos, los georgianos creen que la uva es nativa de sus antiguas tierras y debido a la similitud ortográfica consideran que la palabra “vino” debe venir de “gvino”, palabra que ellos tienen en su propio idoma.
De cualquier forma, no se trata de meras especulaciones ya que sus teorías históricas se apoyan en evidencias como por ejemplo las pepitas de vid cultivada hace unos siete mil años, en regiones situadas al este del Mar Negro en los Montes del Cáucaso, que han sido encontradas en yacimientos habitados.
El mensaje publicitario de sus vinos modernos se apoya en gran medida en estas tradiciones antiguas y también quiere marcar la diferencia entre su oferta renovada y sus vinos con los que ya han abastecido al mercado ruso anteriormente.
Se puede notar que los productores georgianos centran sus esfuerzos en explotar el creciente interés por sus vinos elaborados con el método antiguo tradicional, tanto por bodegas artesanales como industriales. Este método se trata del uso de tinajas de barro de forma conoidal ( llamadas “kvevri” ) que se entierran para que en ellas se fermente el mosto sin ser separado del orujo.
Una vez que ha terminado la fermentación, se las cierre con una tapa de madera y se las cubre herméticamente con tierra. El proceso completo de varias etapas es casi ritual y el vino obtenido presenta aromas y sabores únicos.
Hoy en día, Georgia tiene una superficie total de viñedos de unas 45 mil hectáreas en los que se produce alrededor de 150 mil toneladas de uva anualmente. Existen casi un centenar y medio de variedades pero oficialmente solo 38 se destinan para la elaboración de vinos.
Las más extensamente cultivadas son las blancas Rkatsiteli (53%) y Tsolikouri (17%) que son seguidos por la tinta Saperavi (10%). Un 10% de la cantidad total se consume, un 20 % es utilizado por bodegas de vino industriales y a base del resto miles de pequeños propietarios elaboran vino casero utilizando utensilios sencillos para las prácticas tradicionales.
En cuanto al vino comercializado, su producción viene mostrando una ligera tendencia al aumento (2005: 0,95 millión de hectolitros, 2010: 1,10 millión de hectolitros). El destino principal de las exportaciones es Ucrania a donde en el 2010 se ha dirigido 52% del total de 0,12 milliones de hectolitros.
Entre las 6 regiones vinícolas listadas en la respectiva ley se destaca la de Kajeti que se encuentra en la franja extrema oriental del país y representa unas 2/3 partes de la extensión de los viñedos y unas 4/5 partes de la cantidad de vinos producidos en Georgia.
Su variedad principal es la tinta Saperavi que se da muy bien en sus zonas más famosas de los rios Alazani y Duruji. (Algunas denominaciones de origen : Mukuzani, Kvareli, Napareuli y Kindzmarauli.)
Un buen vino seco elaborado a su base tiene intenso color rojo púrpura, en nariz y boca presenta aromas de frutas rojas (frambuesa, grosella) y se puede apreciar un buen equilibrio entre acidez, taninos y alcohol.
En las zonas de Telavi y Kvareli, se cultiva primordialmente la blanca Rkatsitelique es un componente esencial (junto con no más de 15% de la Mtsvane Kakhuri) de Tsinandali que tal vez sea el vino georgiano de denominación de origen más ampliamente conocido.

